martes, 23 de noviembre de 2010

La La La.


-Brenda.
Una sola palabra, y miles de sentimientos inmersos en ella. No quise levantar la cabeza, y aunque quisiera me faltaban las fuerzas. Noté que se ponía de rodillas delante de mí y me alzaba la cabeza, y a través de mi velo de lágrimas le vi la cara, consumida por la pena.
-No quiero hacerte daño. Bran, sabes que te quiero. Sabes que no me arrepiento de nada de lo que he hecho contigo. Sabes que te amo,  por encima de todo y de todos, y eso es suficiente.
Hice un esfuerzo por tragarme mis lágrimas, y en ese mismo instante, en ese mismo momento, delante de él, a un centímetro de su cara, en la entrada de mi casa, solos, el y yo, supe que no hacían falta palabras.
Le atraje hacia mí, separé ese centímetro que nos separaba, y le di un beso en los labios, un beso suave, corto, y me volví a separar de él, tentándole a venir a buscar el resto. Me miró primero con sorpresa, y después me volvió a besar en los labios, lenta, intensamente.
Abrí mis piernas para que me pudiera abrazar con más fuerza, no quería ni un milímetro de separación entre nosotros. Nuestros labios se acompasaban a la perfección, y nuestras respiraciones se entrecortaban cada vez más.
Deslizó una de sus manos por debajo de mi camisa y pegó su boca a mi oído:
-Acuéstate.
Un susurro, no era una orden, más bien una petición, algo que los dos queríamos y que sólo él se atrevía a plasmar en palabras.
Me deshice de sus manos con suavidad y me recosté en el suelo, sin dejar de mirarle a los ojos, mientras él se quitaba la camisa y se acostaba encima de mí, comenzando a besarme otra vez.
Jadeé cuando abrí mi boca y el deslizó su lengua en ella, mientras me subía la camisa y me acariciaba el cuello. ¿Cómo se podía hacer tantas cosas al mismo tiempo?
Le rodeé la cintura con la pierna y le atraje más hacia mí, mientras comenzaba a besarle el cuello. Si esto seguía así, sabía a la perfección qué pasaría, yo era muy propensa a perder el control en estas situaciones.
-Bran, eh, Brenda. – Susurraba mi nombre en mi oído, en un tono bajo y ronco, intentando atraer mi atención a la misma vez que él intentaba mantener el control.
-Ahora no, cariño. No puedo hacerlo ahora.
Le miré a los ojos, confundida.
-¿Por qué?
Pestañeé muy rápido para zafarme de ese momento, ese único momento.
-Porque te quiero tanto, que quiero que sea especial. Quiero que no lo olvides, y ya sabes, esto es solo un calentón.- Sonrió dándome otro beso en los labios e incorporándose para ponerse la camisa.

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